martes, 4 de septiembre de 2012



REFLEXIÓN, 3 CONCEPTOS DE OMAR RINCÓN

El Entretenimiento Popular es el concepto en el que Omar Rincón instaura lo que supone es una televisión de calidad, para él éste es el tipo de entretenimiento que contiene las estéticas de lo que la gente considera válido para pasar el tiempo libre, es decir aquello con lo que se sienten identificados y que les proporciona una experiencia sensible satisfactoria. Este tipo de entretenimiento es comúnmente denigrado a causa de un concepto peyorativo que se tiene por la noción de lo popular y lo masivo, sobre todo por parte de las elites ilustradas. Sin embargo hay que tener en cuenta, en contraparte con lo que propone Rincón, que muchas veces, por no decir todas, lo que la gente demanda, está determinado previamente por lo que los medios quieren que la masa consuma, en este sentido para generar una movilización que de verdad apunte hacia los valores democráticos que se supone cobijan nuestra sociedad, cabe apuntar por una televisión de públicos, que segmente y tipifique las colectividades que ya no son solo perceptoras sino que se componen de prosumidores, para acercarnos cada vez más a una televisión que deje a un lado el paradigma de la comunicación de masas, para apuntarle a nuevas estrategias de comunicación más efectivas o inclusivas, que si bien no dejen de lado el entretenimiento, razón de ser de la televisión, por lo menos no vean al público como el último eslabón pasivo y estúpido en una cadena de consumo de mercados culturales. Por otro lado Omar Rincón establece una diferencia interesante entre entretenimiento popular y entretenimiento público. Este último es un tipo de televisión que busca ir más allá del entretenimiento a ilustrar a las personas, se basa en un concepto de lo culto, es de tipo educativo, y es a menudo propulsado por las elites ilustradas o por los turnos de gobierno que señalan cual es el tipo de entretenimiento “correcto” y educativo que el sector público tiene que cubrir para el pueblo según sus propias líneas o intereses de gobierno. Para Rincón es un entretenimiento que nadie ve, porque no entretiene, simplemente no obedece a las demandas del público.
    

Acorde con lo anterior no se puede negar que a la hora de hacer televisión tenemos que partir de las necesidades de nuestra audiencia (o un mejor término para designar a los prosumidores sería el de públicos). El ser humano siempre está en constante búsqueda de placer y de su bienestar individual que se evidencia en lo colectivo, es decir en la conversación con el otro, es por esto que la necesidad de distracción, de ocio y diversión, o como se le quiera llamar, debe ser uno de nuestros puntos de foco a la hora de crear  y establecer contenidos audiovisuales. La televisión no debe tener como fin último educar; y si quiere de alguna forma educar debe buscar un mecanismo y formas que a través de la evocación del ocio y la diversión lleven a este propósito.
Es de vital importancia que los contenidos de un programa de televisión generen en el público expectante el fenómeno de recordación, que incite a las personas a hablar sobre dichos contenidos, pues es a través de la conversación cotidiana que estos programas encuentran su legitimidad, aceptación y difusión publicitaria más efectiva entre los públicos.

Con base en todo lo anterior podemos concluir que una televisión de calidad puede ser identificada en la medida en que aquella que da de conversar o no a los públicos, el número de conversaciones, sus impactos, sus duraciones, y demás variables de la conversación que genera un programa es la mejor forma de medir su éxito o fracaso. La televisión que es de calidad se fundamenta en el entretenimiento popular, porque parte de los imaginarios de la gente para brindarles productos que cumplan con sus expectativas y demandas de consumo. La televisión de calidad necesariamente parte de las necesidades de un público, identificado, segmentado, tipificado y comprendido.






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